A pesar de querer dormir inmediatamente el canto de las horas en la radio le advierten del poco descanso que le queda.
sábado, 23 de enero de 2010
martes, 12 de enero de 2010
Prohibido el cante?

No sabía bien de qué escribir, pero mirando por la ventana al cielo gris que nos acompaña desde hace ya demasiado tiempo, he añorado ciertos momentos. Todos ellos tienen que ver con el sol. Es la forma más segura. Hablo de conducir, carretera adelante, inacabable, hormigón y venga hormigón en las medianas, líneas y más líneas, indicaciones en carteles pasando por encima de ti constantemente, y tú adelante, sólo adelante cantando e interpretando el "Raw power" que atrona en el interior del coche, intentando emular las barbaridades de la garganta de Iggy. Porque el disco entero está grabado en tu cabeza. Te lo sabes de pe a pa. Y el sol hace que tus músculos se encuentren sin agarrotamientos, que tus poros comiencen a exhalar cierto aroma; te hace ver los rostros sorprendidos de otros conductores cuando, en paralelo contigo, observan cómo te afanas en entonar "I need somebody, baby...".
Hubo otros momentos, tambíen con la misma banda sonora, pero iba acompañado. Y claro, no todo el mundo está preparado para esta brutalidad, para esos alaridos, para esa obra de arte, soy consciente de ello. Unos me dicen directamente "killo, quita eso"; otros "killo, no grites" cuando en determinados instantes me es imposible reprimirme; otras se me quedan mirando simplemente.
Pero en aquellas ocasiones en las que llegaba solo a casa, con la cara y la camisa empapadas en sudor, mis cuerdas vocales destrozadas para varios días, y me preguntaban que de donde venía así, yo les contestaba "del trabajo, es que vengo cantando".
sábado, 9 de enero de 2010
...acerca de Delirium Tremens
Le devolvió el espejo dos novedades inadvertidas hasta entonces: el cuerpo y la pena que acompaña a lo perecedero. Su voz púdica y una evidencia irrepetible.
lunes, 4 de enero de 2010
Una auténtica mierda
Te lo diré clarito porque de otra manera dudo que te enteres.
Dejaré a un lado las palabras sutiles
y los rodeos que a ti puedan llevar a equívoco:
Eres una auténtica mierda.
No sabes leer, escribir o expresarte
de una forma medianamente correcta
no tienes clase alguna
amor que dar y menos que recibir
solamente tienes y quieres dinero
te crees importante e intocable
pero por tus venas corre el mismo líquido
que por las mías. Te acompañan siempre el desprecio
y la prepotencia, y crees que así
todo irá viento en popa toda vela. Das pena.
A mí me das risa. A muchos de los que te conocen, asco.
Porque como ya te he dicho
eres una mierda.
Quisiera que la vida te diera un palo para bien
que te dieras cuenta de algo muy sencillo: el respeto.
Pero hace ya tiempo que perdí esa esperanza.
Pienso, a veces, que el palo
te lo tendría que dar yo
pero no creo que gane nada con ello. Así
que me sentaré aquí
y haré exactamente lo que ahora:
ganarme la vida mientras me río de ti.
Estas son las primeras y únicas palabras
que te dedico. No mereces más.
Dejaré a un lado las palabras sutiles
y los rodeos que a ti puedan llevar a equívoco:
Eres una auténtica mierda.
No sabes leer, escribir o expresarte
de una forma medianamente correcta
no tienes clase alguna
amor que dar y menos que recibir
solamente tienes y quieres dinero
te crees importante e intocable
pero por tus venas corre el mismo líquido
que por las mías. Te acompañan siempre el desprecio
y la prepotencia, y crees que así
todo irá viento en popa toda vela. Das pena.
A mí me das risa. A muchos de los que te conocen, asco.
Porque como ya te he dicho
eres una mierda.
Quisiera que la vida te diera un palo para bien
que te dieras cuenta de algo muy sencillo: el respeto.
Pero hace ya tiempo que perdí esa esperanza.
Pienso, a veces, que el palo
te lo tendría que dar yo
pero no creo que gane nada con ello. Así
que me sentaré aquí
y haré exactamente lo que ahora:
ganarme la vida mientras me río de ti.
Estas son las primeras y únicas palabras
que te dedico. No mereces más.
...acerca de Delirium Tremens
A la mañana siguiente leería:
"He llegado. Sí. A pesar de todo. Ellas estaban ya acostadas. Al menos tengo una bienvenida asegurada. Voy a la cocina y trato de aplacar los efectos. Hambre no tengo. Me quedo mirando al suelo y me pregunto quién ganará esta vez. ¿La mezcla idónea para sentir lo que siempre quisieras ser, o el antídoto infalible capaz de aplacar cualquier euforia premeditada...?".
En la mañana presente:
En la mañana presente:
"... Mirando las baldosas también me pregunté ¿y si éste fuera tu último momento? ¿Y si éste fuese tu momento último? Hay gente que muere así. De repente. Apreté el paquete de tabaco con la mano y sólo pude pensar en llenarla de besos, agobiarla de abrazos".
domingo, 20 de diciembre de 2009
La estampita
Cuando era niño era corriente coleccionar cromos de los jugadores de fútbol de nuestra liga. En mi pequeño barrio no se les llamaba cromos, sino estampitas. Llegábamos al kiosko del moro y le decíamos al "Bardy", dame un paquete de estampitas, y lo abríamos con la esperanza de que nos tocara uno de los fichajes estrella del Real Madrid, la última adquisición del BarÇa o, por lo menos, cualquier jugador del Betis. La empresa encargada de la colección era Ediciones Este (todavía hoy funcionan), y sabía muy bien cómo limitar la tirada de ciertos nombres. Recuerdo muy bien el caso de Mágico González, cuando fichó por el Cádiz. Su estampita era imposible de conseguir. Nadie la había visto. Habían amigos que decían tener un primo cuyo vecino había sido agraciado con la suerte la tarde anterior, en otro kiosko, de otro barrio, y hasta allí se desplazaban los compradores compulsivos con sus veinte duros, para veinte paquetes de estampitas, pero Mágico no aparecía. Y el supuesto vecino del primo del amigo a veces ni existía. Se creó toda una leyenda con la dichosa estampita.
Una noche, hacía ya calor, estábamos todos cazando lagartijas con los tirachinas. Por la parte inferior de la calle Jerusalem apareció un niño vecino, pero de otro barrio. No era corriente frecuentar los barrios de los demás, menos aún por la noche. Traía en sus manos, como un tesoro inalcanzable para cualquiera, unos cromos, unas diez estampitas selectas. Venía a hacer negocios. Cualquiera de aquellas estampitas podía valer cien, doscientas, trescientas de las otras, de las normales, de las que todo el mundo tenía. Ansiosos por comprobar lo que ofrecía aquel niño mis amigos y yo nos acercamos. Formamos un corro no premeditado en torno a él y fuimos pasándonos las estampitas una a una. Entonces "El Lobo", que normalmente llevaba la voz cantante en nuestro barrio y fue el primero en tomar del forastero el taquito de cromos, exclamó con una admiración que no escapó a ninguno de nosotros: "¡¡¡Mágico González!!!!". No podíamos creerlo, por fin estaba allí, ante nuestros ojos. Todos deseábamos tocarla. Todos nos arremetíamos con los codos, con las piernas, a fin de estar cerca de la estampita. "El Lobo" se la pasó a su hermano, su hermano a mí, yo al Jaime, el Jaime no sé a quién... Allí ya se concretaban transacciones importantes. Jesus había convenido con el visitante doscientas estampitas por Gordillo del Madrid. Pero Mágico era inalcanzable. Pedía quinientas estampitas. Una barbaridad. Yo no conocía a nadie que tuviera tantas. Cuando quise darme cuenta mi hermano, que contaba con la inocencia de los seis o siete años, corría calle arriba hacia casa. Apenas unos minutos después mi madre me llamaba para la cena y me fui.
Me abrió la puerta mi hermano. En sus manos llevaba un taco de estampitas de por lo menos un palmo de altura. Nunca tuvimos tantas. Nunca podíamos haber tenido tantas. Me dijo: <¡Mira, cuatrocientas estampitas!>.
miércoles, 16 de diciembre de 2009
...acerca de Delirium Tremens
El pavoroso gracias al comprarle a aquel chico un periódico. Un periódico de diez páginas. La desmesurada alegría que palpó en su rostro, todo grietas al instante. Dos de inmigración ilegal. Ese complejo de inferioridad sin motivo alguno. Tres por una entrevista al defensor del pueblo. Con un solo zapato. Cuatro de publicidad. Los gestos que se podrían decir de reverencia al recibir el dinero. La última hablaba de una mujer procesada por dar de comer a uno de los recién llegados. Aquella inesperada reacción no hizo sino que acabara odiando esta puta mierda de mundo aún más si cabe.
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